Esta semana hemos estado de mudanza en el trabajo[wp-svg-icons icon=”truck” wrap=”i”]. Trasladamos la oficina de edificio, pero además, coincidiendo con esto, yo también cambio de trabajo dentro de la Junta de Andalucía.

Esta es la primera mudanza que tengo que hacer desde que adopté un estilo de vida minimalista, y quiero compartir con vosotros la indescriptible e inesperada sensación de libertad que he experimentado.

A principios de semana nos llegaron una enormes cajas verdes para que metiésemos todas nuestras cosas. Algunos compañeros han necesitado de una… ¡a tres! caja para empaquetar sus cosas.
imageFoto: una de las múltiples cajas contenedoras que había por toda la oficina.

Yo llevaba tres años en este puesto, y apenas he necesitado el fondo de una caja.

Sólo tenía un archivador y unas cuantas cosas en los cajones. La mayor parte de mis archivos eran digitales (3 Gbs, contando el correo).

Apenas he tardado cinco minutos para tenerlo todo listo para irme.

Y realidad, al ver todo lo que tenía, aún pienso que me sobran muchas cosas que en realidad no necesito, o que apenas uso, o que son “adornos” inhutiles que no aportan nada práctico.

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A donde vaya pienso hacer lo mismo.

Tener las mínimas posesiones materiales o personales, pero aquellas que tenga, no serán simples adornos que habré ido coleccionando, sino cosas verdaderamente simbólicas para mí.

Intentaré no volver a apegarme a nada.

Nada es nuestro en realidad. Eso es una ilusión, y cuanto antes nos demos cuenta, antes podremos concentrarnos en las cosas que verdaderamente son importantes, como hacer nuestro trabajo lo mejor posible y sentirnos libres para respirar y ser felices.

Actualización 1:
Me han pedido que vaya con urgencia a la nueva oficina y desocupe “la caja”, pues los señores de la mudanza han de llevársela…

He acudido por la tarde y “la operción” ha quedado hecha en menos de un minuto. Me encanta.